Vendimia 2026: qué pasa en la bodega cuando llega agosto y septiembre
Durante diez meses del año el trabajo del viñedo es lento y no lo ve nadie. Podar, mantener viva la cubierta vegetal, echar el compost, regular la carga de las cepas, esperar.
Y entonces llega agosto y el año entero se decide en cuatro semanas.
Esto es lo que pasa aquí dentro cuando empieza la vendimia.
No hay fecha fija, y ese es el primer trabajo
Mucha gente pregunta qué día empezamos, como si estuviera apuntado en el calendario desde enero. No lo está.
La fecha la pone la uva. Las semanas previas salimos al viñedo a coger granos desde el envero —cuando la uva empieza a pintar, de verde a amarilla en las blancas y a negra en las tintas— y vamos midiendo cómo va el azúcar, cuánta acidez queda, si la piel se despega, si la pepita ya está madura. Un año caluroso adelanta la cosecha y un año fresco la retrasa. Por eso la vendimia se decide parcela a parcela y variedad por variedad, no de golpe.
Lo primero que entra suele ser la uva destinada al cava. El macabeo y el chardonnay del cava se recogen antes, con menos grado y más acidez, porque un cava necesita esa tensión para aguantar los meses de crianza en botella. El bobal, en cambio, es de los últimos: madura tarde y no tiene prisa.
a unos metros la una de la otra,
dan uvas distintas.
Cada parcela se vendimia por separado y se vinifica por separado. No mezclamos. Puede sonar a capricho, pero tiene una razón práctica: nuestro bobal viejo está plantado en vaso, con una edad media de 85 años, y una parte se desarrolla sobre marga arcillosa roja al lado de la bodega mientras otra está sobre suelo calizo. Mismo año, misma variedad, dos vinos diferentes. Si se vendimian juntas, esa diferencia se pierde para siempre.
La uva se corta a mano y va en cajas pequeñas. Las cajas grandes aplastan los racimos de abajo con el peso de los de arriba, y esa uva empieza a fermentar antes de llegar a la bodega. En una caja pequeña el racimo llega entero.
En el Pasamonte, dentro de la D.O.P. Los Balagueses, dejamos una media de tres kilos por cepa. Es poca uva. Menos kilos significa menos rendimiento por hectárea y más concentración en la copa. Es una decisión, no una casualidad.
En los tintos controlamos que la temperatura no pase de 26 grados y, según el vino, hacemos remontados suaves y rompemos el sombrero de pieles.
Barro además de barrica
Una parte del bobal, la que viene del suelo arcilloso, no hace la crianza en barrica: la hace en ánforas de barro de 150 litros. El resto pasa catorce meses en barricas usadas de 225 litros que ya han tenido vino blanco antes.
Las dos decisiones van en la misma dirección. La barrica nueva aporta mucha madera y tapa la variedad; el ánfora no aporta nada y deja respirar al vino, es el efecto del botijo de agua. Buscamos que el bobal sepa a bobal, no a roble.
Caprasia Bobal Ánfora
Es el vino que sale de todo esto: bobal de cepas viejas, criado parte en barrica usada y parte en ánfora de barro. Este año se ha traído un Gran Oro de EcoRacimo. Ver el vino
Lo que viene después
Cuando termina la vendimia empieza la parte lenta otra vez: la crianza, los meses en barrica, en ánfora o en botella. El cava reserva necesita un mínimo de dieciocho meses antes de que se pueda descorchar.
O sea que la uva que recojamos este agosto no la vas a beber este año. Ni el que viene, en algunos casos.
En la tienda están las vendimias que ya hicieron el camino
Empieza por los cuatro vinos que acaban de premiarnos en EcoRacimo 2026: tres Gran Oro y una Plata.
Ver los premiados